viernes, 28 de mayo de 2010

Píldoras de música

Subir el volumen enriquece con vitamina dB la onda sonora resultante del imán de tu altavoz. Así se crea una envolvente de música tridimensional que rebota entre pared y pared como un fluído constante, hasta sumergir al oyente en un baño donde el sonido se pierde por el sumidero de sus tímpanos.

Escuchar la música baja es un claro síntoma de cobardía.

De fuera, para anestesiar cornadas en el pecho: Unkle - Natural Selection



De dentro, para aderezar días soleados, Lori Meyers - Enhorabuena eres el que tiene más.

Píldoras de cine

A propósito de Niza, de Jean Vigo



Jean Vigo era un personaje marginal dentro de la escena cinematográfica de la Francia de entreguerras. Huérfano de padre español anarquista, vivió sus primeros años de vida con su tío, un pintor del cual probablemente tomaría cierto sentido de la plasticidad.
Pasó por el orfanato -a raíz de esta experiencia rodaría años después "Cero en conducta"-, hizo unas pocas películas de gran influencia para René Clair y Jean Renoir, y falleció prematuramente a los 29 años víctima de la tuberculosis (todo un clásico).

Con 25 años (en 1930) se plantó en la ciudad de Niza, que por aquel entonces era un hormiguero de burgueses dejándose ver por la playa, relajándose al sol en sus sillas de mimbre y visitando sus balnearios. Ésto, a primera vista, no deja de ser un modo de vida bastante nimio y vacío. Allí se plantó, decimos, acompañado por Boris Kauffman (camarógrafo y hermano de Dziga Vertov) para hacer un ensayo experimental de lo que allí sucedía.

Dejando un poco de lado el contenido crítico hacia esa sociedad, al que Vigo nos enfrenta contrastando la vida de los barrios bajos, de los artesanos y los obreros de la ciudad con las imágenes de la banalidad, del tiempo perdido de los ricachones que pastan a la bartola, dejando de lado ésto, el mayor valor de "A propósito de Niza" es su lenguaje narrativo. Las ansias de un joven de experimentar con el montaje y con el encuadre para crear significados, pues no hay todavía voz, y ni mucho menos rótulos. Siempre se ha dicho, quien sabe hacer cine no necesita el sonido. Lo mismo sucede con los grandes del comic. La imagen se basta y se sobra.

También hay que reseñar el valor añadido de la cámara oculta. Los burgueses eran filmados secretamente para reflejar la realidad, sin poses artificiosas. Vigo llevaba a Kauffman en una silla de ruedas -algo nada llamativo en una ciudad balneario-, mientras éste, tapado con una manta y con disimulo, tomaba las imágenes.

Tres hurras por Vigo, que con la edad de servidor ya se convirtió en una inspiración para el realismo poético francés que vendría poco después.

Y para los curiosos, en su cortometraje "Taris, rey del agua" -sobre un plusmarquista de natación francés- también se nota el estilo de su impronta, con algún deje surrealista, cámara lenta, y sobre todo, las primeras imágenes rodadas con cámara subacuática -las más conocidas, a partir del 8:05-.