martes, 8 de abril de 2008

Los búhos imposibles de la noche en que llovió

Pincho el enlace a la nueva entrada del blog al unísono del último cigarro chocando contra el fondo del cenicero.

La vista da un par de vueltas copernicanas alrededor de la pantalla mientras centro mis esfuerzos en teclear las palabras adecuadas. No miento si confieso que llevo ya corregidas más de diez faltas. U once.

Recreo el momento, para desinterés general.

Silencio.

He venido al confesionario.

He llegado al confesionario después del laberinto, de casualdad, y el vino y la cerveza se contradicen en mis venas. Los dos claman por la territorialidad de mi cuerpo, pero como Gran Bretaña y España sobre Gibraltar, sólo acordarán resolverlo la próxima cumbre. Seguramente, el viernes. Probablemente, antes.

Mis amigos me dicen que es un don saber escribir. Yo les doy la razón; aunque matizo: es maravilloso saber comunicar... pero lo verdaderamente MARAVILLOSO es saber TRANSMITIR.

Buenas noches, espero que mañana renunáis el arrojo necesario para levantaros a las 7 de la mañana. Algunos, dormiremos por la mañana lo que no dormimos por la noche.