domingo, 20 de enero de 2008

Pulula por esta casa un virus...

... que entró en ella de polizón, escondido en algún lugar de mis entrañas. Tanta "Securitas Direct" para nada. Viajaba sin billete en el expreso de medianoche de mis intestinos -mmm, qué bonita visión-, cuando fue descubierto por los revisores de mi sistema inmunitario. Debía estar el cabrón muy apegado a la vida, pues vendió cara su cabeza y la batalla duró 12 horas, durante las cuales batí el récord mundial de visitas al baño (y no para afeitarme).

Hoy, ya recuperado, tengo 3 kilos menos... desde luego, la dieta es más efectiva que la de la berenjena. Pero el virus sigue aquí: se ha mudado a mi hermano, y de mi hermano a mi madre. No me extraña, la casa es grande y tiene buenas vistas... y aunque sé que lo que voy a decir es un topicazo sólo comparable con las conversaciones meteorológicas de ascensor y los comentarios de funeral donde reconocemos que "no somos nadie", estar postrado en la cama, deshidratado, deshecho por dentro, delirando lastimeros quejidos por cada músculo de mi cuerpo que ni sabía que existía... me ha hecho recordar que "la salud es lo más importante".

Porque cada segundo es un segundo de dolor, y éste inunda todo tu cuerpo y tu mente y te obliga a moverte y a girar sobre el eje de tu cama buscando la postura que cuando estás sano te ayuda a descansar, porque lo que antes te gustaba ahora te da absolutamente igual y porque tienes que pasar el vergonzoso trance de ponerte "la mantita eléctrica". ¡Pero si llegué a pedirle a mi madre un poco de morfina!

Bien... de todas éstas reflexiones trascendentales no quedará nada dentro de una semana cuando esté descamisado y borracho a 2 bajo cero en la Gran Vía, pero espero que, al menos, sí os sirva a los millones de lectores que cada día visitáis, ávidos, el blog. He de decir que odio impartir cátedra y dar consejos de abuela, pero tanta audiencia exige un poco de responsabilidad social y "los de arriba" filtran mis temas.

No aprendáis de mí: aprended de ellas y no os ruboricéis si os parece morboso (conozco a pocas personas con dos cabezas). Repitamos todos a coro el tópico entre los tópicos: "¡¡La salud es lo que cuenta!!"

jueves, 17 de enero de 2008

Me han pillao con el carrito del helao




Éste en principio era un blog de gilipolleces, aunque no lo creas. De yonkis, casposos mediáticos y verborrea incontenible de ésa que tienes a las 6 de la mañana cuando llegas borracho a casa. Éra, en resumidas cuentas, nada de lo que sentirme avergonzado...

...hasta que, una noche en que la cogorza era más seria de lo habitual, creí ver la luz. Me di cuenta de que nadie leía nada de lo que escribía. Mi blog era como un papel tirado en medio de la Gran Vía. Una página de ésas que encuentras por error e instantáneamente cierras antes de gastar tu valioso tiempo en saber qué coño es.

...y comencé a confiarme.

Es tarde para lamentaciones... pero tal vez sea hora de que le cambie el nombre. Llevo 30 horas sin fumar y 4 días sin beber... aunque... hay que reconocer que "entre pistachos y aquarius" no queda tan cool y decadente.

lunes, 7 de enero de 2008

Ejercicio de escritura

Hace un par de horas leí mis apuntes de guión. La asignatura me gusta: es el tipo de materia que llevo años esperando... ¿cuántas veces me he quejado de la paja que nos enseñaban en la facultad? ¿cuántas veces he soltado un discursito a mis pobres compañeros, que aguantaban por enésima vez mis quejas por lo "poco que nos van a servir Historia de la Ciencia o Economía cuando queramos entrar a trabajar en este competitivo mundillo del cine, la televisión y los medios de comunicación.

Tenía razón cuando lo hacía, pero entre otras cosas, esta noche me he dado cuenta de lo vaga que es mi ambición, porque mis palabras resuenan mucho, pero a la hora de la verdad, me cuesta tanto estudiar lo que supuestamente me gusta como lo que con toda seguridad odio. Ésto me ha hecho reflexionar, y envidiar malsanamente a aquellos que adoran tanto algo que no cuentan los minutos para terminar de estudiarlo, sino que disfrutan y pasan sus ojos por delante de las palabras sin esfuerzo alguno. Disfrutando de verdad, amando lo que aprenden.

Quizás ése sea mi problema. Me cuesta amar lo que me rodea. Siempre me ha costado. Tanto con mis seres queridos, como con mi propia carrera, como con las chicas que alguna vez, de una u otra forma, me han demostrado que me podrían querer. Quizás hubo un momento en mi niñez o adolescencia en que me desvié del camino "normal" y me perdí en un bosque donde entierro mis sentimientos, porque soy incapaz de transmitirlos... por miedo.

Hace un par de horas leí mis apuntes de guión. El tema en concreto versaba sobre el proceso de la escritura, algo más complejo de lo que solemos pensar, siempre hablando de una escritura pulida y depurada. El profesor aconseja diversos métodos para concebir una idea sobre el papel. Brainstorming, palabras clave, frases incompletas, la estrella de las 6Q (qué, cuándo, cómo, etc.) y por último, aquella que estoy intentando poner en práctica: la escritura en directo, es decir, plantarse frente a la hoja en blanco y dar rienda suelta al bolígrafo. Adentrarse en un proceso algo caótico e hipnótico donde los dedos teclean a la misma velocidad que la mente piensa. No parar de escribir, no saber muy bien adónde va uno a llegar, en un viaje de 15, 20 o 30 minutos.

Yo ya llevo 15, lo cual revela que en un momento u otro, "he parado a repostar" porque no me salía tal o cual palabra o porque por defecto profesional de amateur necesitaba dar al texto un determinado sentido y cierta lógica.

Mañana releeré ésto, y entonces seré juez y no víctima de lo escrito -plagiando una estupenda frase de los apuntes-. Será curioso, porque suelo ser muy victimista y, cuando se trata de mí mismo, un juez tan duro que me condenaría a la silla eléctrica por escribir atajo sin h.

Casi nunca he derramado una lágrima por mi familia, pero sí lo he hecho por no llegar a encontrarme a mí mismo. Acabo de repetir "a mí mismo", pero me da igual. El caso es que cuando leo las elogiosas críticas a los primeros cuentos de Scott Fitzgerald cuando contaba 23 años de edad, noto en la espalda un hilillo de fina arena que empieza a llenar la habitación. El reloj pende sobre mi cabeza como la espada de Damocles, y destrozará mi sensible alma si durante mis 22 años no consigo llegar a escribir algo con lo que Scott se pudiera, al menos, limpiar el culo.

24 minutos.