sábado, 15 de septiembre de 2007

Vamos a contar mentiras

Yo
Dos entradas
Tres gatos negros
Cuatro noches sin dormir
Cinco colillas en el cenicero
Seis cuerdas sobre un puente gris
Siete minutos que no sé cómo llenar
Ocho Ante Meridiem es muy pronto para mí
Nueve numeros, infinitas posibildades. Tan cerca y tan lejos
Ocho al hoyo: ganemos derrotas en mil cantinas
Siete ideas que no sé cómo expresar
Seis y pico grados de alcohol
Cinco latas sobre el suelo
Cuatro puntos por unir
Tres tristes tigres
Dos ladrones

martes, 4 de septiembre de 2007

Las Confesiones

Intentaré decirlo sin contarlo... porque aunque sea aquí, donde por el momento nadie escucha, algo dentro de mí se remueve en su tumba de hueso y carne cuando planeamos confesar todo lo que por esta cabecita transita - Confesiones personales de Chan Alberto, cap. 77, versículo 7-.

Hace muchos septiembres que ha fenecido. Era una meretriz de cuatro piernas que dejó de pagar el alquiler de mis anhelos -he tenido que consultar el diccionario: sí, es con "h" intercalada-, y se fue con otros, los que ahora me acompañan, como siempre, y no saben que hace años que he empezado a morir, mientras ellos sobreviven. Un intercambio de parejas donde he salido perdiendo.

Cuando era mía, tan parca y vacía, nunca la aprecié, al menos, lo suficiente. Compartimos un pequeño gran largo camino que parece una milésima ahora. Existía en mí tan escondida y evidente que gastar saliva en su honor era algo banal. Es por ello que muero cuando veo, veo cuando miro y estiro el ojo en el viejo estío y me fijo en sus rizos y en sus rostros congelados, que la arena del tiempo nunca ha rozado. Veinte años han pasado... que en mí han quebrado un tiempo dorado a golpe de sequía norteña y sobredosis sureña, de lolitas marcianas y falsas apariencias, de sombreros dignos de loqueros y amargas mañanas. 8000 días de sueños pasajeros y melancólicas resacas...

MMO. Arigato, belleza.