lunes, 13 de agosto de 2007

The Kooks - Ooh la



Dos guitarras, una calle de París, una buena canción y un instituto que "pasaba por allí". Se me ponen los pelos "como los de la gallina" (como dijo una vez Mijatovic) al ver lo fácil que parece y lo complicado que es. Un poder inmenso entre tus dedos, capaz de crear un ambiente mágico de la nada en cualquier momento y lugar. Una forma de autorrealizarse que va más allá de las chicas que te puedas llevar al camerino. Así lo veo yo, pero déjeme de cursiladas y... que hable el video.

Gracias, callejeros

Hay quienes lo tildan, despectivamente, como "la España profunda". ¡Como si no existiera una France profonde, una Italia cutre, o un pastor de Mongolia con un toque freak!
A mí, sin embargo, me parece algo necesario. Porque la realidad no es - o no sólo es - lo que sale en la portada de Vanity Fair y porque a veces, lo único que merece la pena es reír y admirar a aquellos que, de mil y una formas distintas, son... como son.




P.D.: Y lo demás... ehmm... mmmm.... bueno.... ehmmm... se me ha olvidado.

Antes de dormir



- ¿Qué es lo último que piensas antes de dormir? – me preguntaste, con voz pizpireta, al tiempo que pululabas inquieta por la cocina.

Era la enésima vez que me interrumpías mientras yo escribía, pero no me importaba. Yo aporreaba la máquina de escribir con ritmo inconstante. A veces, las palabras venían a mi cabeza con tal fluidez que pensaba que se adelantarían a mis dedos tecleando, y sin embargo, otras veces… me pasaba siglos en blanco, buscando la expresión más adecuada para plasmar lo que sentía.

- ¿Piensas en mí antes de dormirte? – proseguiste, mientras abrías de par en par las ventanas de la casa, dejando que una luz casi cegadora me hiciera fruncir el ceño y bajar la cabeza.

Yo callé. Conocía de sobra la respuesta, pero paradójicamente, estar tan seguro de mi contestación me daba miedo. Por otra parte, no era un hombre de muchas palabras. Prefería guardar silencio antes que soltar una frase de relleno, una de esas frases que desvían la atención hacia otro lugar… y tú, que me conocías desde hacía ya muchos años, lo sabías de sobra.

- ¡Qué pesado eres! Cuando empiezas algo, eres incapaz de dejarlo un instante, ni para hablar conmigo. Serías capaz de escribir hasta el amanecer del día del juicio final con tal de acabar un par de frases.

Yo llevaba meses pegado a la máquina de escribir, encendiéndome un cigarrillo con las cenizas del anterior y observando con mirada perdida los rascacielos que, insolentes y orgullosos, se comían el horizonte de Madrid.

- Tu editor llamó anoche. Dice que si sigues retrasando la entrega, cancelará el proyecto. Cariño – y en este momento tu voz se volvió endiabladamente dulce -, si tan sólo me dejaras leer unas líneas…

Hice un tremendo esfuerzo por callarme, porque en ese mismo instante me hubiera gustado abrir el grifo de mis lamentaciones y contártelo todo, apoyarme en tu regazo y recibir tus caricias y cuidados, como un niño pequeño.

Pero no lo hice. Desde aquel día en el hospital en el que mis dedos temblaron al rasgar el sobre con mi diagnóstico, me prometí no derrumbarme. La sentencia era inmutable, y todos los sueños que tenía se desvanecieron al leer la palabra maldita: cáncer.

Antes de dormir, después de hacer el amor contigo, cerraba los ojos e imaginaba que todo era distinto. Imaginaba que los vómitos y los mareos que yo trataba de ocultarte por todos los medios, eran en realidad tuyos… y me imaginaba cómo, nerviosa y emocionada, tomabas mi mano y me decías que esperábamos un hijo…

Este tipo de sueños eran un arma de doble filo: por unos instantes, me elevaban sobre el fangoso suelo por el que llevaba arrastrándome semanas. Incluso recordaba la postura que adoptaban los músculos de mi cara cuando esbozaban una sonrisa… Sin embargo, cuando me encontraba en el punto más alto, caía en picado contra el barro y me hundía en él, al darme cuenta de que todo aquello que atravesaba mi mente era una fantasía que yo jamás palparía con mis dedos.

Ese enorme vacío que me paralizaba al pensar en los momentos que no viviría a tu lado era recompensado en cierta medida por los magníficos recuerdos que compartimos y que no cambiaría por nada del mundo.

Recuerdo cómo nos conocimos. No fue en una romántica y pintoresca cafetería parisina a con vistas al Sena… tampoco fue en un típico restaurante de Florencia a orillas del Arno.. ¡qué va! Fue algo mucho más cutre que todo eso: fue en un bar de carretera, triste, humeante y sucio, donde habíamos llegado cada uno por nuestra cuenta, casi por error. Buscábamos los dos a alguien normal entre tanta chusma y borrachos de capa caída, cuando cruzamos nuestras miradas por primera vez y, al poco tiempo, charlábamos con inusitada confianza compartiendo la misma mesa.

Quién me iba a decir que esa morena, que me interrogaba con la mirada y que me tiró los tejos aquella noche – y esto es algo sobre lo que, entre bromas, hemos discutido largo y tendido – se iba a convertir en la persona más importante de mi vida, la destinataria de éste último diario donde sí soy capaz de decir cosas que, por esa cobardía que siempre me ha acompañado y que odio, nunca podría contarte cara a cara.

Espero que sepas perdonar ese miedo a decirte la verdad, a decirte que un tumor me destrozaba por dentro. No quería hacerte daño, pero sabía que era inevitable. Antes o después tendría que confesar… lo sé, pero lo he ido posponiendo hasta ahora. Hasta decírtelo a través de un intermediario: este diario.

- Buenas noches, cariño – me acabas de decir, mientras yo tapaba con disimulo ésta página y me dabas un beso en la mejilla.

Quizás mañana despiertes junto a un cuerpo frío al otro lado de la cama. ¿Quién sabe? Mi enfermedad es juguetona y caprichosa. Puede torturar mi organismo con intensos dolores y latigazos, pero también sabe matarme con su incertidumbre y sus silencios… ni yo mismo sé si ésta es la última página del libro de mi muerte… o la penúltima.

Cada noche me acuesto en mi tumba, sin saber si será el sueño quien me venza o la muerte quien me mate. Sin saber si mañana abriré los ojos y veré en el espejo esa mala cara que siempre he tenido al levantarme o, al contrario, veré en su reflejo mi cuerpo sin un hálito de vida, inmóvil y sereno, abrazado al tuyo en un inútil esfuerzo por no separarse de ti.

- ¿Qué es lo último que piensas antes de dormir? – me preguntaste, con voz pizpireta, al tiempo que pululabas inquieta por la cocina.

- Lo último que pienso antes de dormir, es lo último que pensaría antes de morir: en ti.

Perdóname por ser así…y no seas muy dura conmigo, ahora que no puedo defenderme.

jueves, 9 de agosto de 2007

La Serenata digital


No sé si se podría calificar de piropo... pero la periodista Sara Carbonero (Radio Marca) va a cortar muchas digestiones éste verano.

(...)

Alka-Seltzer is needed.

viernes, 3 de agosto de 2007

Usuario que me enviabas publicidad spam como comentario...


Sé que me echabas de menos...

Pero ayer, un servidor, volvió de un viaje. No, no me estoy poniendo trascendental ni hablo de experiencias psicotrópicas, aunque quizás pudiera. Me refiero a que ayer volví de un viaje de los de macuto y ampollas por Europa. La vieja Europa en cien mil zancadas, por París, Bélgica, Amsterdam, Entrelagos y Barcelona...

Quizás tanto caminar compense meses enteros de prácticas del kamasutra asexuado (dejando de lado a Mr. Onán) de quien navega por Internet hasta darse cuenta de que uno de sus párpados cierra la persiana más de lo debido. ¡Qué fatalidad...! La moraleja reside en que siempre tendrás ampollas o almorranas, pero serás tú quién decida de qué forma te jodes menos.

Y es que viajar cansa, pero merece la pena... Sólo entonces te das cuenta de verdad de lo parecidos y lo distintos que podemos llegar a ser al mismo tiempo. Puedes buscarlo en los más estúpidos detalles (¿por qué coño me cobran en Amsterdam 1€ por mear, o 20 céntimos por un sobre de ketchup) o en los más evidentes (¿qué tipo de maléfico desarrollo gutural biológico ha hecho posible que un ser humano pueda pronunciar, sin atragantarse y morir en el instante, la palabra Brouwersgracht mientras se come un pastelillo de chocolate y marihuana?

Está en los ojos del observador todo este mundo de diferencias y novedades a priori excéntricas que nos hacen darnos cuenta de lo relativo que es todo en general... y por otra parte, de la simplicidad y homogeneidad que compartimos en particular. Lo digo porque en mi travesía vi chinos, brasileños, malienses, japoneses, argelinos y australianos... y esperaré sentado (en el trono) a aquel de ellos que no gruña cuando duela, que no haga un chiste a su colega - aunque sea en zulú - por el mero placer de hacerle sonreír, o que, en definitiva, no sobreviva mientras viva.

¿Evidente? ¿Inconcluyente? Ciertamente... pero lo demás: es demagogia...

P.D.: ...comentario de moda que no sé exactamente lo que significa pero debe ser la panacea porque nuestros políticos, que de pequeños cayeron en una marmita de sabiduría y altruismo cristalino, la emplean habitualmente en sus bien aventurados discursos con el fin de ayudarnos a nosotros, su entrañable y pusilánime rebaño de ovejas con derecho al voto.