domingo, 8 de julio de 2007

"Don't look back into the sun"

Buenas intenciones, bajos presupuestos... Iluminaciones que brillan por su ausencia... pero siempre merece la pena.



By the pseudo Libertines

sábado, 7 de julio de 2007

El puente. El horizonte. El suicidio.


The Bridge es una película documental rodada a lo largo de todo 2004. Su director, Eric Steel, se apostó durante todo este tiempo en los alrededores del puente de San Francisco. Cientos de horas que llenarían kilómetros de cinta sin ningún interés aparente... de no ser por ELLOS. Miles de personas cruzaron el puente... pero unas pocas, decidieron saltar. The Bridge nos muestra el suicidio como nunca lo habíamos visto.

Un rockero pasea por el puente. Gafas de sol, cuero negro, botas altas... Si Joey Ramone no hubiera pasado a mejor vida hace algunos años, podríamos fácilmente confundirle con él. Este rockero llama la atención de la cámara, que observa desde lejos a todos los viandantes. Camina despacio, con la mirada perdida y sin rumbo aparente... De vez en cuando mira al horizonte, y su melena ondea al viento con fuerza. ¿En qué estará pensando? Nunca lo sabremos, y si lo supiéramos, seguramente no lo entenderíamos... porque de repente, este rockero cliché, estira sus brazos y se deja caer de espaldas.

Escenas tan duras como ésta conforman The Bridge. Sus familiares intentan describir sus vidas, sus personalidades, su hastío. Pero son las imágenes quienes hablan, aunque sean mudas. Un análisis del suicidio amargo, solitario, reflexivo, sus minutos previos, desde una perspectiva lejana y objetiva, que no participa en los hechos y se limita a observar - he aquí el dilema moral del film que yo no discutiré.

No hablaré de cinco estrellas ni de cuatro tenedores. The Bridge, simplemente, te da una hostia.

martes, 3 de julio de 2007

Escala la pendiente



Dos son las metas que se avistan ahora mismo en mi vida. Las dos se pueden resumir en una curva.

Mi guitarra española de ciento y pico euros reposa sobre mi cama. Su figura recuerda la cintura de una mujer -no como las que salen en Pasarela Cibeles, "culos esqueléticos de culto" - y sus cuerdas rechinan cuando mis dedos inexpertos intentan sacar música de ellas. ¡Qué mal toco!

Música y mujeres, aviso a las feministas, son mis más ansiadas metas. Aunque en realidad, y por muy retrógrado anti-postmodernista que suene, yo hablaría de ambas en singular. Necesito una chica que me quiera, y sé que en mi ciudad, más que nada por mera estadística porque somos 3 millones, tiene que estar. Estará quizás borracha saliendo de un garito. Puede que se haya quedado esta noche en casa lamentando su historia con su ex-novio. Puede que me necesite tanto como yo a ella... y no lo sepa. Pero sé que hay una chica en esta ciudad que me haría feliz.

Por si vosotras no lo sabíais, tenéis el poder de hacer que la reunión entre colegas más anodina se convierta en una fiesta. Sois brujas que movéis objetos sin tocarlos. Viejo chiste, pero es una verdad como un templo.

En cuanto a mi guitarra... no sé si estoy pasando la época adolescente con retraso, pero cuando escucho las canciones de algún grupillo que otro, siento que pocas cosas me harían tan feliz como ser yo mismo el protagonista y tocar en un escenario mi canción. No necesito un número uno en la lista de los 40, sólo media docena de público tarareando al compás.

Son sólo dos cosas... pero hay que ver... cuánto me va a costar conseguirlas. Y en ésto, no sé por qué, soy más optimista que en el resto de mis problemas. Como decía antes... ¿será por la estadística?